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Globalización o desglobalización: gestión que mire al futuro

Ignacio Babé, Director General / CEO del Club Excelencia en Gestión

Durante años hemos asistido a un bombardeo por tierra, mar y aire sobre los beneficios de la globalización. Ahora ha empezado el bombardeo desde el otro lado, el de la desglobalización.

Según Wikipedia, la globalización es un proceso histórico de integración mundial en los ámbitos económico, político, tecnológico, social y cultural, que ha convertido al mundo en un lugar cada vez más interconectado. En ese sentido, se dice que este proceso ha hecho del mundo una aldea global.

La cuarta acepción del término globalización, que le da la Real Academia Española de la lengua, con sentido económico, viene definida como el proceso por el que las economías y los mercados, con el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, adquieren una dimensión mundial, de modo que dependen cada vez más de los mercados externos y menos de la acción reguladora de los gobiernos.

Por otro lado, los nuevos profetas de la desglobalización se basan, como dice Wikipedia, en el fenómeno inverso al de la globalización, aquel en el que en especial la economía (pero también la sociedad, la política o la cultura), tras una etapa de interacción e interdependencia mundiales, se vuelve de nuevo más local o regional.

Resulta interesante que el diccionario de la Real Academia Española no tenga aún el término desglobalización incluido. ¿Por qué? ¿es muy nuevo? ¿se trata de una moda pasajera? ¿no es importante?

En la definición de la RAE, sobre la globalización, con muy buen criterio a mi juicio, se describe el proceso en paralelo al desarrollo de las tecnologías de la comunicación, para competir a escala mundial y no depender solo de los vaivenes de los gobiernos nacionales de turno.

Por contra, la desglobalización, con estas definiciones, supondría eliminar o limitar las tecnologías de la comunicación. O sea ¿eliminar o limitar la información y los comercios de internet? Aparte de los chinos, ¿quién le pone el cascabel al gato?

Pues al hilo de este debate sobre globalización o desglobalización me atrevo a proponer una reflexión a nivel microeconómico, es decir, de empresas y organizaciones. Y empiezo afirmando, que así como la globalización no es perfecta, tampoco lo es gestionar sólo con el Modelo EFQM, pero ambas conllevan múltiples beneficios. El Modelo EFQM parte de una ventaja notable: es un modelo universal, desde su concepción. Ayuda a una gestión excelente a empresas u organizaciones grandes, medianas o pequeñas, privadas o públicas, del sector industrial o de servicios, de Holanda o de Portugal, de Dubai o de China. El éxito de la gestión con el Modelo EFQM tiene un origen y un desarrollo muy vinculado con el propósito de una organización o empresa, igual que la globalización se ha visto impulsada por el desarrollo de las tecnologías de la comunicación.

Las empresas con propósito, como recoge el Modelo EFQM, deben atender las necesidades y expectativas de sus principales grupos de interés. Y lo deben hacer con una perspectiva incluyente y equilibrada de todos ellos. Cuando aciertan con ese equilibrio, se genera un círculo virtuoso (los clientes hablan bien de los empleados, los empleados se comprometen con sus líderes y éstos con la sociedad y los accionistas, …), que hace a la empresa más competitiva pero también más social.

La otra gran ventaja del Modelo EFQM, y de un sistema de gestión basado en dicho modelo, es que sirve para construir con un enfoque global, desde el principio. Te sugiere cómo tener en cuenta las diferentes funciones, procesos y sistemas, que se requieren para la buena gestión de una organización, para tener una perspectiva integral. Y cómo construir un círculo virtuoso midiendo los resultados para afinar las funciones, procesos y sistemas y conseguir los objetivos propuestos, tanto de competitividad como de compromiso social o de sostenibilidad.

Así como en la globalización se dice que “las economías y los mercados, con el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, adquieren una dimensión mundial, de modo que dependen cada vez más de los mercados externos y menos de la acción reguladora de los gobiernos”, en relación al uso del Modelo EFQM se podría afirmar que “las empresas y organizaciones, con el desarrollo de su propósito, consiguen ser sobresalientes en su territorio o en su sector, mejorando las relaciones con todos sus grupos de interés clave, y consiguiendo sus objetivos de competitividad, innovación, compromiso social y sostenibilidad, de forma equilibrada y armónica”.

La desglobalización, en la escala microeconómica, sería una vuelta a fijarse únicamente en algunos aspectos de la gestión parciales (ISO, certificación en sostenibilidad o en personas,…) y perder las bondades del enfoque global y equilibrado que aporta el Modelo EFQM, que evita vaivenes a las empresas y organizaciones, y permite desarrollarse armoniosamente para acercarse al futuro deseado.

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